Confrontando
Hoy en día, el hombre en general se encuentra en este estado en lo que respecta al espíritu humano. Durante siglos, se educó al hombre a creer en los demonios, los diablos necrófagos y las cosas sobrenaturales y aterradoras. En el sur de Europa, había una organización que se aprovechó de este terror, e hizo a los demonios y a los diablos tan impresionantes que, a la larga, el hombre no pudo ni siquiera hacer frente al hecho de que cualquiera de sus semejantes tuviera alma. Y así entramos en una época totalmente materialista. Con los antecedentes en la enseñanza de que nadie puede confrontar lo “invisible”, las religiones vengativas trataron de avanzar hacia una mejor posición de control. Naturalmente no lograron su meta, y la irreligiosidad se puso a la orden del día, abriendo así la puerta al comunismo y a otras idioteces. Aunque podría parecer cierto que no se puede confrontar lo invisible, ¿quién dijo que un espíritu fuera siempre invisible? Digamos, más bien, que es imposible que el hombre o cualquier otra cosa confronte lo inexistente; y por consiguiente, cuando se inventan dioses inexistentes y se les dan más roles en la sociedad, descubrimos que el hombre se degrada tanto que ni siquiera puede confrontar el espíritu de sus semejantes, y mucho menos volverse moral.

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